jueves, 5 de febrero de 2015

¿Quieres ser un buen padre? Consejos del Papa Francisco.

Imagen referencial / Foto: Daniel Ibáñez (ACI Prensa)
Imagen referencial / Foto: Daniel Ibáñez (ACI Prensa)
VATICANO, 04 Feb. 15 / 10:24 am (ACI/EWTN Noticias).- “Un buen padre sabe atender y perdonar, desde lo profundo del corazón”, afirmó el Papa Francisco durante la Audiencia General en el Aula Pablo VI, en la que reflexionó sobre el papel del padre en la familia, poniendo como ejemplo la parábola del Hijo Pródigo.
Como ya anunciase la semana pasada, la catequesis de hoy se refirió a la función del padre en la familia, desde una perspectiva positiva, dejando de lado los “peligros de los padres 'ausentes'”.
“Toda familia necesita al padre”, comenzó diciendo. El padre “sabe todo lo que cuesta transmitir esta herencia: la cercanía, la dulzura y la firmeza” pero también “¡cuánto consuelo y cuanta recompensa se recibe cuando los hijos rinden honor a esta herencia! Es una alegría que redime toda fatiga, que supera cada incomprensión y cura todas las heridas”.
Francisco habló después de algunas necesidades, como “que el padre esté presente en la familia”. “Que sea cercano con la mujer, para compartir todo, alegría y dolores, fatigas y esperanzas, y que sea cercano a los hijos durante su crecimiento: cuando juegan y cuando se empeñan en algo, cuando están despreocupados y cuando están angustiados, cuando se expresa y cuando están taciturnos, cuando son atrevidos y cuando tienen miedo, cuando dan un paso equivocado y cuando reencuentran el camino”. En todas estas ocasiones “el padre debe estar siempre presente”.
Pero, el Papa alertó de que estar presente no es lo mismo que “controlar”: “Los padres demasiado controladores anulan a los hijos, no les dejan crecer”.

El Pontífice puso como ejemplo el Evangelio que habla de Dios como de un “padre bueno” y la Parábola del Hijo Pródigo o “del padre misericordioso”.
“Los padres deben ser pacientes. Muchas veces no hay que hacer nada más que esperar, rezar y esperar con paciencia, dulzura, magnanimidad, misericordia”.
Y es que “un buen padre sabe atender y perdonar, desde lo profundo del corazón”. Aunque “es verdad que también corregir con firmeza: no es un padre débil, que deja hacer lo que sea, sentimental. El padre sabe corregir sin desanimar y al igual sabe proteger sin descanso”.
Para hacer más comprensibles sus palabras el Papa puso el siguiente ejemplo: “Una vez escuché en una reunión de matrimonio a un padre decir: 'algunas veces tengo que pegar un poco a los hijos... pero nunca en la cara para no humillarles'”.
“Sin la gracia que viene del Padre que está en los cielos, los padres pierden la valentía y abandonan el campo, pero los hijos necesitan encontrar a un padre que les espere cuando vuelvan de sus fallos. Harán lo que sea para no admitirlo, para no reconocerlo, pero lo necesitan: y no encontrarlo abre sus heridas difíciles de sanar”.
En su catequesis, Francisco tomó algunas citas del Libro de los Proverbios dirigidas a los propios hijos: “'Hijo mío, si tu corazón es sabio, también se alegrará mi corazón: mis entrañas se regocijarán, cuando tus labios hablen con rectitud'”.
“No se puede expresar mejor el orgullo y la conmoción de un padre que reconoce haber transmitido al hijo lo que de verdad cuenta en la vida, es decir, un corazón sabio”.
El Papa explicó que este padre no decía “estoy orgulloso de ti porque eres igual a mí, porque repites las cosas que digo y que hago yo”. “No, le dice alguna cosa más importante, que podríamos interpretar así: 'Seré feliz cada vez que te vea actuar con prudencia, y seré conmovido cada vez que escuche hablar con rectitud'”.
“'Esto es lo que he querido dejarte, para que se convierta en algo tuyo: la actitud de escuchar y actuar, de hablar y juzgar con sabiduría y rectitud. Y porque tú podrías ser así, te he enseñado cosas que no sabías, te he corregido errores que no veías. Te he hecho sentir un afecto profundo y al mismo tiempo discreto, que quizás no has reconocido plenamente cuando eras joven e insensato. Te he dado un testimonio de rigor y de firmeza que quizás no entendieras, cuando habrías querido sólo complicidad y protección”.
El Papa continuó con el ejemplo: “He querido yo mismo, primero, ponerme en la prueba de la sabiduría del corazón, y vigilar los excesos del sentimiento y del resentimiento, para llevar el peso de las inevitables incomprensiones y encontrar las palabras justas para hacerme entender. Cuando veo que buscas ser así con tus hijos, y con todos, me conmuevo. Estoy feliz de ser tu padre”.
Y “esto dice cómo es un padre sabio, un padre maduro”, aseguró Francisco.
Por último, el Papa aseguró que “la Iglesia, nuestra madre, está empeñada en sostener con todas sus fuerzas la buena y generosa presencia de los padres en las familias, porque ellas son para las nuevas generaciones custodios y mediadores insustituibles de la fe en la bondad, de la fe en la justicia y en la protección de Dios, como San José”.

miércoles, 4 de febrero de 2015

Hijos responsables: 5 claves para lograrlo

Tomado de lafamilia.info.

Uno de los mayores retos que tienen los padres es lograr que sus hijos sean responsables de sus actos y pertenencias, además que cumplan con ciertas obligaciones acordes a su edad. Es indispensable por tanto, tener presente algunas claves que ayudarán a los padres a lograr dicho objetivo.
 
Primera clave: Comenzar desde que son bebés
Los autores del libro “Cómo enseñar a su hijo a ser responsable” aseguran que los niños a quienes no se les dan deberes en el hogar desde la primera infancia, carecerán de habilidad para organizarse, para fijarse objetivos y llevar a cabo tareas complejas a lo largo de su infancia y adolescencia.
La responsabilidad es una de las virtudes más significativas en el desarrollo humano; gracias a ésta la persona asume el control de su propia vida, pero para que esto se logre, los padres deben fomentarla en sus hijos desde los primeros meses. Por ejemplo en los bebés se les debe enseñar a recoger sus juguetes, más adelante a organizar sus útiles escolares, después la ropa del día siguiente, y así sucesivamente… A medida que el niño va creciendo, se le debe dar la confianza suficiente para que desarrolle nuevas tareas.
Así pues la responsabilidad no se adquiere de un día para otro; es un proceso que se irá desarrollando durante toda la infancia y la etapa escolar hasta llegar a la adolescencia, en la cual la responsabilidad se pondrá a prueba una y otra vez.

Segunda clave: Establecer normas claras
Como toda ley de vida, existen derechos y también deberes, por eso en casa también deben haber normas que han de respetarse y acatarse. Pero hay que ser muy claros a la hora de establecer estos límites. Si los niños no saben qué esperan sus padres de ellos, o no saben cuáles son sus deberes, no podrán educarse en el valor de la responsabilidad. Los padres no sólo deben establecer normas de la manera adecuada según la edad de cada niño, sino explicarles cuáles son las consecuencias por no cumplirlas.
Para hacer más comprensible el asunto, sobre todo en un principio mientras se adquiere el hábito, es una buena estrategia escribir los deberes en un lugar visible de la casa (tablero o cartelera) y crear un sistema de estímulos -caritas felices, dulces, entre otros- en especial para los más pequeños de la familia. De esta manera los chicos tendrán las reglas a la vista y se motivará su cumplimiento.

Tercera clave: Otorgar deberes
Si queremos que los hijos sean responsables, pero no les damos la posibilidad que lo sean, no estamos haciendo nada... Cada hijo deberá asumir unos deberes en el hogar, adicionales a los escolares, los cuales se dan por sentado. Hay que dejarles que sean autónomos y evitar a toda costa realizar tareas que ellos mismos están en capacidad de hacer. La sobreprotección de los padres impide que los hijos ejerciten la responsabilidad, aparte de que los vuelve “flojos” y perezosos.
Dentro de esa autonomía que se pretende lograr, es importante que los padres no estén todo el tiempo recordando los pendientes a sus hijos, pues se convierte en una mala costumbre de la cual pasarán a depender: “Una vez se esté seguro de que le han escuchado y entendido, hay que dejarlos que ellos mismo actúen en consecuencia” sugieren Ma. Ángeles Pérez y Francisco J. Rodríguez en su escrito La responsabilidad en el niño.

Cuarta clave: Autoridad coherente
Una de las formas de deteriorar la autoridad paterna, es no hacer respetar las normas que se han acordado, ni imponer consecuencias cuando estas no se cumplen. Cuando esto ocurre a menudo, los padres pierden la credibilidad de sus hijos, y por consiguiente toda autoridad sobre ellos. Es por eso que una vez se han determinado los deberes, los padres deben cumplirlos y hacerlos cumplir. “Si por alguna razón los padres olvidan lo que han ordenado, están otorgando a los hijos, tácitamente, permiso para hacer lo mismo.” Advierten los expertos antes mencionados.
La coherencia es una manera de demostrar a los hijos que se está pendiente de su comportamiento. Además al ser coherentes, los niños se sienten más seguros y saben a qué atenerse si no cumplen las normas y responsabilidades. Si no hay coherencia, los chicos sienten ansiedad porque no son capaces de predecir lo que puede suceder.

Quinta clave: Recompensas por ser responsable
Los especialistas recomiendan estimular a los hijos a comportarse adecuadamente: “Ello no significa necesariamente regalos materiales, sino reconocimientos pequeños que reafirmarán en el niño la satisfacción de la labor cumplida. Además de las recompenses materiales, hay cosas como el tiempo, la atención la preocupación, la simpatía y la buena voluntad que también son recompensa. Un cuento más a la hora de dormir, una ida a cine, un helado, un abrazo fuerte, son manifestaciones que alientan al niño a decir: `¡vale la pena ser responsable!´.” Ma. Ángeles Pérez y Francisco J. Rodríguez.

Un niño es responsable si...
Según los autores Harris Clemes y Reynold Bean, un niño es responsable si:
  • Realiza sus tareas en el hogar y el colegio sin que haya que recordárselo en todo momento.
  • Puede razonar lo que hace.
  • No echa la culpa a los demás sistemáticamente.
  • Es capaz de escoger entre diferentes alternativas.
  • Puede jugar y trabajar a solas sin sentir angustia.
  • Puede tomar decisiones que difieren de las que otros niños toman en el grupo en que se mueven.
  • Respeta y reconoce los límites impuestos por los padres y profesores sin discusiones.
  • Puede concentrar su atención en tareas complicadas (según su edad) durante cierto tiempo sin llegar a situaciones de frustración.
  • Lleva a cabo lo que dice que va a hacer.
  • Reconoce sus errores y trata de corregirlos sin armar un lío.
La vida real poco se asemeja a la de un palacio real; los hijos deberán asumir numerosas responsabilidades a lo largo de toda su vida, así que mejor empezar cuanto antes y qué mejor que en el lugar por excelencia de la educación en valores: la familia.

martes, 3 de febrero de 2015

La familia educa y el colegio la apoya.

Tomado de lafamilia.info.

Frente a la formación humana de los hijos, ¿qué debe hacer el colegio y qué debe hacer la familia? La respuesta correcta sería: la familia hace todo y el colegio la acompaña en el proceso educativo de los hijos. Delegar la función paterna, es un error.

Las quejas más frecuentes de los profesores se centran en que los padres delegan de forma excesiva la educación de sus hijos en el colegio, sostienen que les falta autoridad y vínculos afectivos con sus hijos, e incluso piensan que algunos progenitores se muestran un tanto despreocupados.

Asumir la responsabilidad de ser padres

Si bien es importante elegir un colegio que comparta los valores y el pensamiento de la familia, no quiere decir que la tarea de educar a los hijos sea del colegio. La escuela apoya la labor de los padres e incluso la puede reforzar, pero nunca suplantar.

“La educación en su sentido más amplio se recibe en casa y es responsabilidad de los padres. Aún cuando el sistema educativo sea el óptimo para la formación académica del niño, al colegio no se le puede pedir más de lo que pueda dar. Las formas de analizar el mundo y comportarse, las normas de convivencia, urbanidad y buenos modales, los valores morales y los principios básicos como persona, sólo pueden aportarlos los padres” Explica el Dr. Francisco Kovacs en un artículo de Sontushijos.org.

Asimismo, Leopoldo Abadía, autor del libro ‘36 cosas que hay que hacer para que una familia funcione bien’, coincide con esta idea del Dr. Kovacs y dice textualmente: “La educación comienza en casa. Los colegios son meros colaboradores en la tarea educativa de los padres”.

Por eso es incorrecto lanzar culpas a las escuelas por los comportamientos inadecuados de los hijos, pues la batuta la llevan los progenitores. Asumir su responsabilidad, también significa reconocer omisiones y equivocaciones.

Familia y colegio: un buen matrimonio

Está demostrado que un trabajo conjunto entre la familia y la escuela, beneficia a los hijos, tanto en su rendimiento académico como personal. La docente y psicóloga especialista en educación, Neva Milicic, explica que esta buena relación se traduce en beneficios para los hijos: “Pareciera que cuando padres y profesores logran una comunicación fluida y valorarse mutuamente, se alcanzan mayores niveles de cercanía afectiva y de apego de todos al sistema escolar y ambos se validan como autoridad. Cuando sucede a la inversa, los conflictos pueden constituir una verdadera pesadilla, donde si bien el más perjudicado es el alumno, se genera una fuente de tensión y malestar también para padres y profesores.”

Es necesario además, que los padres hagan respetar la autoridad de los profesores y valoren la educación escolar; las críticas adversas delante de los hijos, no logra sino desmotivarlos y alimentarles una idea negativa del plantel educativo.

“La educación de los niños es una tarea compartida entre padres y profesores. Mientras más respetuosa y cercana sea la relación entre ambos, más positiva será su incidencia en el aprendizaje y en el desarrollo de los niños.” Neva Milicic.

lunes, 2 de febrero de 2015

Urgente: cambio de fecha del examen de Matemática.

Urgente: cambio de fecha del examen de Matemática.

Les comunicamos que por razones de constitución de la mesa examinadora, se debió cambiar el examen de matemática para el lunes 9 de febrero a las 8:00 hs.

Ver programa de 1º.
Ver programa de 2º.

Regreso a clases: cómo ayudar a los hijos a adaptarse mejor


Tomado de la familia.info
Ya sea que estemos hablando del inicio de un nuevo año escolar o de unas cortas vacaciones, el regreso al colegio puede ser un momento de difícil adaptación para algunos estudiantes. En este punto los padres juegan un papel fundamental; de la forma cómo ellos estimulen y motiven al hijo, dependerá en gran parte su actitud positiva ante el comienzo de las actividades escolares.

Es comprensible que retornar a la vida ordinaria cueste un poco a los chicos, incluso también sucede con los adultos, no obstante, los padres deben motivar en lugar de entorpecer el proceso. Las siguientes sugerencias ayudarán a hacer de ésta, una experiencia agradable para padres e hijos:

Retomar los horarios. Los períodos de recreación como las vacaciones, son más propensos a carecer de rutinas y horarios, por tal motivo el levantarse temprano para ir al colegio, es uno de los factores que representan mayor dificultad para los niños. Por eso es conveniente que durante los últimos días de descanso, se restablezca en casa el horario habitual que se acostumbra en la época de estudio; de este modo se atenuará el cambio.

Actitud positiva de los padres. En imitación a nuestras reacciones, conversaciones y comportamientos, se fijará la postura de nuestros hijos con respecto al inicio de otro ciclo escolar, de ahí la importancia de ayudarles a afrontarlo de una manera positiva, hablándoles de lo divertido que será estar nuevamente con sus compañeros, de cuantas cosas podrán aprender, de lo bien que les sienta el uniforme, etc. Por el contrario, evitar críticas de la escuela o profesores, y quejas de los múltiples gastos por afrontar, en presencia de ellos.

Familiarizarlos con el entorno. Para los niños que van al colegio por primera vez, ayuda mucho el llevarlos a su nuevo colegio unos días previos al inicio de clases, de manera que puedan identificar su salón, la dirección, etc. Resulta igualmente tranquilizante para los más chicos ver interactuar a sus padres con los profesores, el sentirse familiarizado con los rostros y las instalaciones, reducirá su temor.

Reforzar hábitos de responsabilidad. Aunque se encuentren en vacaciones, el asignarles encargos sencillos como sacar la basura o tender su cama, contribuirá a no partir de cero para retomar rutinas, responsabilidades y disciplina.

Dedicar unos minutos al día para recordar lo relevante del curso anterior. Contribuirá para activar la mente en preparación de la adquisición de nuevos conocimientos, no es necesario que se disponga al niño a hacerlo de forma consciente, basta con pedirle que nos lea un cuento breve, jugar con la lotería de números y letras o simplemente pedirle en el supermercado que nos vaya sumando los precios.

Adquirir los útiles escolares y uniformes con tiempo. El preparase con antelación en la compra de todo lo necesario para el ciclo escolar, nos evitará estrés, nos permitirá realizar cambios o devoluciones con tiempo suficiente, buscar y aprovechar ofertas. Asimismo consentirá el hacer partícipes a los niños en la elección de sus cuadernos, libros, loncheras y mochilas.

Aprovechar el tiempo restante para estar en familia. A una semana del inminente regreso a clases se pueden programar actividades familiares que fomenten la unión y la calidez del hogar, generando seguridad y emociones afectivas en los niños; recordemos que los padres son piezas claves en el desarrollo social y académico de los niños.

También vuelven las tareas

Adaptarse de nuevo a las tareas escolares es otro de los aspectos más difíciles del regreso al colegio. Se ha de ayudar al niño para que asuma esta responsabilidad con una mentalidad positiva y decidida.

De otro lado, es importante que los chicos no tomen los deberes como un castigo sino como un proceso más en su educación. Hay que apoyarlos en sus tareas pero no hacerlas por ellos, y la mejor forma de ayudarles es estableciendo un horario de estudio desde la primera semana sin ir a bajar la guardia a lo largo del año, además proporcionarles un espacio cómodo que cumpla con las condiciones de un lugar de estudio y brindarles nuestra orientación en ciertas asignaturas.

domingo, 25 de enero de 2015

Propósitos para un mejor año escolar.

Tomado de lafamilia.info

Algunas veces reforzamos estas sugerencias ofreciéndoles premios al terminar el año si cumplen con nuestras expectativas.Al comenzar el año escolar muchos padres hacemos toda serie de recomendaciones a nuestros hijos para que les ayuden a tener un año académicamente exitoso y sin mayores contratiempos. "Este año harás las tareas a tiempo”, “marcarás todos los libros para que no se te pierdan”, “cuidarás tus uniformes”, “llegarás puntual", etc.

Más efectivo que sugerirle a los menores los planes que deben hacer al comenzar el año escolar, es que los padres tengamos algunos propósitos, que si se llevan a cabo, seguramente contribuirán no sólo al éxito académico de los menores sino a la paz y tranquilidad del hogar. 
 
Estos podrían ser, por ejemplo:
  • Me concentraré en enseñar a mi hijo a que sea respetuoso, honesto y responsable, y dejaré que la profesora se ocupe de enseñarles lectura, escritura, ciencias y matemáticas.
  • Recordaré que si trato de evitar que mi hijo tenga problemas en el colegio por su incumplimiento u olvido de los deberes académicos, lo único que logro es que aprenda a eludir su responsabilidad ante a los mismos.
  • No llevaré al colegio tareas, libros, trabajos o viandas olvidadas en casa, aunque mi hijo me llame suplicando que lo haga.
  • No compraré nuevos libros, útiles o uniformes que mi hijo pierda o dañe por descuido, y le haré pagar con sus ahorros la reposición de los mismos.
  • Inscribiré a mi hijo en una sola actividad después del colegio (deportes, música, etc.) a lo máximo, y sólo si él o ella lo desea y va bien en sus estudios.
  • No esperaré que mi hijo se destaque en todo. Aceptaré sus debilidades tanto como sus fortalezas, recordando que entre más aceptado por mi se sienta mejor será su capacidad para enfrentar sus fallas y superar sus fracasos.
  • Inculcaré a mi hijo que lo importante no es ser mejor que los demás sino hacer todo dando lo mejor de sí mismo, cualquiera que sea el desempeño de sus compañeros.
  • No justificaré ni disculparé a mi hijo cuando no entregue una tarea a tiempo sin causa muy justificada, así por mi falta de intervención o compasión le vaya mal en una materia o pueda ganarse una sanción severa.
  • No seguiré creyendo que cualquier problema, debilidad o falla de mis hijos es culpa mía o reflejo de mis propios defectos como persona. Recordaré que son ellos quienes deben decidir si aprovechan las oportunidades que se les presentan, sabiendo que muchos niños salen adelante aún en situaciones más adversas que las que ellos puedan estar enfrentando.
  • Sólo permitiré que mi hijo o hija vea televisión o se entretenga con videojuegos por un tiempo muy limitado al día, durante los días de la semana, para que tenga tiempo suficiente para estudiar, jugar y descansar.
  • Señalaré el esfuerzo y aplaudiré el progreso de mi hijo en los estudios y no me concentraré tan sólo en los resultados o calificaciones. Primero los felicitaré por sus buenas notas y luego discutiremos las medidas aconsejables para mejorar las deficientes.
  • Asistiré a las reuniones de padres de familia y ayudaré generosamente con el colegio en todas las actividades que desarrolle para beneficio de sus alumnos.
  • Colaboraré con los profesores y procuraré que mis hijos los respeten, pero no asumiré sus funciones ni me convertiré en el substituto del profesor en mi casa.

viernes, 23 de enero de 2015

Las relaciones conyugales y su influencia en los hijos

Tomado de lafamilia.info


"Si en la pareja hay armonía, los niños crecerán en un ambiente sano". Hay varios componentes que caracterizan a una pareja armónica. El primero y fundamental es el amor. El amor es la base sobre la cual se construye la vida conyugal. Cuando el amor se enfría o desaparece, la vida de la pareja se resquebraja.

El amor trae consigo la felicidad, el buen humor, el deseo de vivir y de transmitir esa alegría a los que nos rodean, especialmente a los hijos. Una pareja feliz se nota en los gestos, en la mirada y en su forma de actuar.

Cada uno de los miembros de la pareja debe tener la libertad suficiente para elegir y decidir qué es lo que quiere hacer, y ambos deben intentar que se realice. El hecho de que uno de los dos se sienta frustrado, o que por culpa del otro no pueda realizar lo que verdaderamente quisiera, provoca un resentimiento que, a la larga, perjudicará la vida común.

Poder compartir plenamente la vida con su cónyuge, comentar, participar de los problemas y alegrías del otro, hacen que la vida de pareja alcance su plenitud. Todo esto ayuda a una buena comunicación.

Es importante que ambos discutan los criterios educativos que se aplicarán a los hijos. Deben llegar a un acuerdo y no deben contradecirse en presencia de los hijos.

La familia tiene una función importante: la función educadora, que sólo se puede desarrollar de manera armónica y progresiva, si existe una relación igualmente armónica y progresiva entre los cónyuges.

¿En qué se reconocen los hijos de una pareja armónica?

Podemos describir a un niño sano, de una pareja armónica, de la siguiente manera:

Es equilibrado: no presenta demasiados altibajos en su comportamiento, y exterioriza sus emociones normalmente.

Es sociable: es capaz de relacionarse con los que lo rodean. No presenta una timidez excesiva, ni agresividad marcada o irritabilidad.

Presenta un desarrollo armónico: va adquiriendo las características que corresponden a cada edad. Crece en todos los aspectos: físico, social, afectivo, intelectual y moral, de manera normal y tranquila.

Tiene un buen rendimiento escolar: el niño aprende fácilmente, no tiene trabas ni bloqueos que impidan el aprendizaje.

Suele ser maduro afectivamente: sabe cómo relacionarse con las personas que lo rodean. Soporta las frustraciones que se le puedan presentar, y resuelve situaciones que a veces son conflictivas.

No suele tener problemas de lenguaje: aprende a hablar a su tiempo. No tartamudea y se expresa correctamente.

No siempre se dan todas las características anteriores en un niño sano psicológicamente, hijo de una pareja bien constituida. Todo padre debe reflexionar acerca de ellas, porque son los objetivos de la educación de los hijos.

Todos hemos aceptado el principio de que no hay amor más grande que el de los padres por sus hijos, pero basta con la observación cotidiana, para evaluar lo grande que también es el amor de los niños por sus mayores. Es un amor absoluto y feliz, sin reservas ni angustias. Un amor hecho de confianza y adoración, de fe en la perfección de la persona que se ama.

Esto se da en niños pequeños para quienes el mundo es un lugar de juego, poblado de seres infalibles que saben nutrir, abrigar, mimar, curar los males, enseñar muchas cosas, resolver las dificultades, apartar lo que lastima, elogiar, y a veces castigar.

Esta maravillosa confianza subsiste hasta que el adulto lo traiciona y el niño lo advierte. Aparece entonces, la primera mentira del niño, aunque sea pequeñísima, dictada por el recuerdo de un castigo no comprendido o desproporcionado, y más tarde el primer secreto confiado a un amigo y no a los familiares, a quienes ya se teme o se desconfía.

En el niño, estos cambios se producen poco a poco, y sin que él mismo se dé cuenta. Pero no faltan las desilusiones violentas y reveladoras, cuando advierte, por ejemplo, que los adultos discuten con frecuencia, que se complacen en pequeñas intrigas, y que hablan mal de personas, que no obstante, son queridas y simpáticas.

El niño comprende mucho más rápido y de manera profunda, y sufre con más intensidad de lo que comúnmente se cree, mientras que los padres lo consideran demasiado pequeño para entender sus conversaciones y discusiones.

Cuando las preocupaciones son el tema dominante de las conversaciones, cuando la actitud de los mayores se vuelve tensa, y el ambiente familiar se satura, el niño se siente confuso y culpable de vivir.

Con frecuencia se emplea, en presencia del niño, un lenguaje excesivo, melodramático, que le da la impresión de que él es un peso y hasta un ser indeseable. No es raro escuchar expresiones como: “Vete a tu cuarto. Mamá y yo tenemos que hablar”. “Los niños no deben oír las conversaciones de los mayores”. “Yo no puedo salir, debo quedarme en casa a cuidar a los niños”. “¡Qué cansancio!. Estos niños me agotan”.

Es indispensable que los niños sientan a su alrededor una atmósfera de felicidad, y sepan que ésta se debe a ellos, a su presencia. Los niños no solamente tienen necesidad de alimento, sino de todo un clima de afecto y seguridad, que normalmente proporciona el amor recíproco y visible de los padres. Por lo tanto, es evidente que la primera víctima de los conflictos conyugales, es el hijo.

Entre las situaciones más penosas para el niño, se encuentra la separación de sus padres. En el plano afectivo, las consecuencias del divorcio son evidentes. Los hijos de parejas separadas suelen tener problemas educativos y de afectividad.

Hay otras situaciones que afectan a los niños, como son las compensaciones y defensas de sus padres frente a los conflictos de pareja. Por ejemplo, el olvido, las actividades sociales muy frecuentes, la ocupación profesional exagerada y la huida en el alcohol.

RECORDEMOS… son los padres con sus actitudes, los que más van a influir a la conducta y la personalidad del niño, puesto que son los que, en primer lugar, constituyen el medio en que se desenvuelven los niños.

Si efectivamente son las conductas de los padres las que más influyen en el niño, es evidente que educar a un hijo es igual a educarse a sí mismo, nunca se debe discutir delante de los hijos, ni lanzar expresiones que puedan resultar confusas o dolorosas para el niño.