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lunes, 7 de diciembre de 2015

Despedida de la catequesis sacramental.


El lunes 30 de noviembre cerramos la catequesis sacramental con un "festejo" por la celebración del Bautismo y la Primera Comunión. En vez de realizar el brindis acostumbrado después de la Misa, habíamos decidido reunirnos en la fecha mencionada para ir a tomar un helado a una heladería de la zona.
Fue un precioso momento como quedó registrado en la "selfie" que sacó Florencia.
Pedimos a Dios que les regale a estas hermosas personas lo necesario para ser cada día mejores amigos de Jesús.

viernes, 4 de diciembre de 2015

Misa de fin de cursos.

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En el día de hoy celebramos la Misa de fin de cursos.
Reflexionamos en base al siguiente texto del capítulo 15 del Evangelio según San Juan:

9 "Como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor.
10 Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor. como yo cumplí los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
11 Les he dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto.
12 Este es mi mandamiento: Amense los unos a los otros, como yo los he amado".

Destacamos esta invitación de Jesús a permanecer en su amor, y a buscar la felicidad amando como él nos amó.

sábado, 28 de noviembre de 2015

Bautismo y Primera Comunión de alumnos del liceo.


En la Misa parroquial de las 18:00 horas del día de hoy fueron bautizadas Florencia Caballero, Lucía Figueredo y Luciana Mussini, que junto a Mauro Simón también recibieron su Primera Comunión. 
Durante todo este año estuvieron preparándose en la Catequesis del liceo, lograron conocer más a Jesús, y aunque fuimos poquitos, las reuniones fueron muy disfrutables. Pedimos a Dios que los bendiga y ayude a seguir creciendo en la fe.
Nos alegramos mucho de este acontecimiento que, como decimos siempre, nos hace sentir que aunque "somos muchos, somos Uno".

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viernes, 21 de agosto de 2015

Lo que soy, es lo que tengo para dar.

El pasado miércoles 19 de agosto celebramos la Asunción de María con la Eucaristía.

Luego, la Profesora Stefani Solari guió una dinámica para seguir reflexionando sobre nuestra vocación. 

Aporte de la Prof. Stefani Solari.

María nos dio a Jesús, nuestro Salvador. Jesús nos dio a María como Madre. Jesús nos regaló a todos una vocación, para ser felices en plena comunión con Él y nuestros hermanos. Pero no es un regalo para vivirlo egoístamente, sin compartir con los demás. Estamos llamados a compartirlo con nuestros hermanos, dando de nosotros lo mejor, o mejor dicho, dándonos a nosotros mismos. Por eso queremos compartir con ustedes esta canción de Aristófanes, resaltando que lo más importante es tomar conciencia que "lo que soy, es lo que tengo para dar".



No te preocupes,
no corras la mirada,
cambia esa cara
y da un paso para acá.
Podés confiar en mí.
Yo no te pido nada.
No todo en este mundo
se tiene si se paga.

Sé que te cuesta
cambiar el pensamiento,
yo no te juzgo,
tu rutina te lo dio.
Pero te invito
 a romper con los esquemas, 
regalando una sonrisa
 sin esperar a que vuelva.

 Dar por dar...
 No busques otra explicación,
 andá a entregarle a los demás eso que sos,
 que al final termina lleno el corazón... 

Te regalo una sonrisa
 tenés gratis mi amistad. 
Te ganaste estas manos
 que te quieren saludar.
 Tengo el bono de un abrazo
 y un "free pass" para escuchar.
 Tengo todo lo que tengo 
y tengo todo lo que tengo para dar.

Y lo que soy es lo que tengo para dar.

lunes, 15 de junio de 2015

Vocación a la vida consagrada femenina.

La vocación a la vida sacerdotal.


Explicación del Papa Francisco.


Testimonio vocacional del Papa Francisco.

La vocación al matrimonio.



¿Cómo vivir la profesión de manera vocacional?

Así como es fundamental que descubramos nuestra vocación, es necesario discernir qué profesión nos va a ayudar a cumplir nuestra misión. Creemos que el siguiente video lo explica muy bien.

¿Qué es la vocación?

Como saben, toda la formación cristiana en nuestro liceo está pensada en clave vocacional, es decir, está pensada para dar una oportunidad a nuestros adolescentes a ir descubriendo cuál es la misión que tienen en su vida. En el grupo de tercero vimos varios video que ahora compartimos con ustedes.

lunes, 8 de junio de 2015

El grupo de "perseverancia" inicia sus proyectos.

Según el Diccionario de la lengua española © 2005 Espasa-Calpe, perseverancia es la constancia, firmeza o tesón en la realización de algo. Tradicionalmente se nombra así a los grupos que se forman después de la comunión para seguir creciendo en la fe.


El mes pasado comenzamos un grupo de perseverancia en nuestro liceo, que tiene varios proyectos. Uno de ellos es visitar a distintas personas de la parroquia que no pueden concurrir por dificultades de salud, a quienes se le lleva la comunión. Otro de ellos es investigar sobre la obra del Padre Martín, que se ubicó en el local de nuestro liceo.

En la tarde del lunes tuvimos la oportunidad de echar a andar los dos proyectos: le llevamos la comunión a Mercedes, con quien pudimos charlar también sobre la obra. 
Pronto iremos compartiendo los frutos de nuestra investigación.

martes, 5 de mayo de 2015

Comenzó la catequesis sacramental y "perseverancia".

En la tarde del lunes 4/5, iniciaron los grupos de catequesis de preparación al Bautismo y la Primera Comunión, y el grupo de "perseverancia".
Por el momento cuatro alumnos comenzaron la catequesis, pero las inscripciones siguen abiertas.
El grupo de perseverancia es para aquellos que ya recibieron su Primera Comunión y desean seguir creciendo en la fe. Trabajaremos sobre nuestra vocación, en consonancia con la propuesta institucional. En la primera reunión ya aparecieron varias propuestas para responder a la vocación. Por un lado, tenemos la inquietud de investigar sobre la vocación de servicio del P. Martín, cuya obra se alojó en nuestro edificio; por otro lado, a iniciativa de Paula Machado (quien fue la iniciadora de nuestra campaña anti-bullying) colaboraremos con la Fundación Teletón. Pierre Devalois propuso hacer visita a hogares de ancianos, mientras Yéssica Rodríguez propuso hacer una campaña contra la "autolesión". Como ven, hay mucho entusiasmo en estos adolescentes, entusiasmo que esperamos contagiar a los todos demás. 

miércoles, 8 de abril de 2015

Misa de Pascua.

En la mañana del miércoles 8/4, con todos los grupos celebramos la Eucaristía con motivo de celebrar la Pascua.


Reflexionamos en base al fragmento del Evangelio que relata el encuentro de Jesús con dos discípulos camino de Emaús; también sobre la importancia de la Pascua para nuestra vocación.

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lunes, 6 de abril de 2015

¡Felices Pascuas!

1ª lectura: Hechos de los Apóstoles 10,34a.37-43; Salmo 118(117),1-2.16ab-17.22-23; 2ª lectura: Colosenses 3,1-4; Evangelio según San Juan 20,1-9. 

Queridos/as hermanos/as:
¡Qué bueno es Dios!, que en Jesús se hizo uno de nosotros, y siendo fiel a proyecto de amor del Padre hasta la muerte de Cruz nos salvó, y por su Resurrección nos regaló el acceso a una vida plena en comunión con Dios y nuestros hermanos.

Es Pascua, es el día más feliz de la historia. El amor ha triunfado. Cuando parecía que el mal había vencido, cuando la oscuridad había llenado la tierra, cuando el mal había desplegado todos sus poderes y parecía que aplastaba al bien, el amor de Dios nos logra la victoria final y definitiva.

Hoy la comunidad siente que “le vuelve el alma al cuerpo”. El viernes habíamos contemplado a nuestro Señor y Maestro muerto en la Cruz, y con Él, también nuestras esperanzas habían muerto. El silencio del sábado y la oscuridad de la tumba nos llenaron de preguntas: ¿por qué?, ¿qué sentido tiene todo esto?, y ahora, ¿cómo seguimos? Hoy, al ver el sepulcro vacío, y al sentir la presencia del Señor Resucitado, todas nuestras preguntas encontraron su respuesta.

Lo que hasta ayer era la más absoluta oscuridad, hoy está lleno de la luz de Cristo; lo que ayer era un doloroso silencio hoy es un canto lleno de alegría; lo que ayer parecía ser un aplastante triunfo del mal y derrota del bien, hoy se ve invertido, es el bien el que ha triunfado definitivamente; lo que ayer era muerte, hoy es Vida.

Gracias a este día tan admirable toda nuestra vida cobra un nuevo sentido: ya sabemos hacia dónde vamos. Vamos a ser como Jesús Glorioso, a ser las personas más plenas, en plena comunión con Dios y nuestros hermanos, vamos a ser plenamente felices; y esta convicción nos llena de esperanza y alegría. 

Aunque muchas veces parezca que el mal en el mundo nos arrolla, aunque tantas veces escuchemos a las personas decir “esto no lo arregla nadie”, “esto se va al tacho”, nosotros sabemos que es falso. Jesús ya venció al mal y a la muerte. Entonces lo que ahora nos parece ser derrota, en Jesús sabemos que es victoria. Sabemos que al final de nuestros días Él nos hará plenamente felices, y esta convicción tendría que darnos nuevas fuerzas para seguir adelante aún en las dificultades, a seguir creyendo a pesar de tanta oscuridad, a permanecer firmes en la fe en medio de tantas preocupaciones.

Y para que seamos conscientes de todo esto, y para hacernos beneficiarios de la salvación que nos consiguió en la Pascua, dejó en su Iglesia gestos y palabras que llamamos sacramentos, gracias a los cuales nos encontramos con este mismo Jesús que transforma nuestras vidas. 

Hoy la comunidad está llena de alegría: hemos descubierto que Dios nos ama hasta dar su vida por nosotros. Hemos descubierto que por la Cruz y Resurrección del Señor tenemos acceso a una nueva vida plena. Ésta es una noticia demasiado grande e importante como para guardarla egoístamente. Hoy la comunidad siente que no puede callar lo que ha visto y oído. 

Hoy la comunidad se convierte en misionera, en portadores de luz para llevar a quienes viven en la oscuridad; en portadores de esperanza para quienes viven desolados; en portadores de alegría para quienes viven apenados; en misioneros de un Amor que vence al mal y la muerte, y nos llena de nueva vida.

Pidamos al Señor Resucitado que nos ayude a gustar de su Resurrección, resucitándonos de nuestras heridas, sanándonos de nuestras enfermedades, rescatándonos de nuestras tristezas. Y a María, la mujer más admirable de la historia, que conoció el dolor más profundo y la felicidad más completa, que nos ayude a tener una fe firme como ella, y a seguir tomando conciencia que Jesús nos salvó para vivir en comunidad.    

Padre Leonardo
padreleonardov.blogspot.com

viernes, 3 de abril de 2015

Viernes Santo.

1ª lectura: Isaías 52,13-15.53,1-12; Salmo 31(30),2.6.12-13.15-16.17.25; 2ª lectura: Hebreos 4,14-16.5,7-9; Evangelio según San Juan 18,1-40.19,1-42. 

Queridos/as hermanos/as:
¡Qué bueno es Dios!, que en Jesús asumió toda nuestra humanidad, hasta nuestros rincones más oscuros, y por su fidelidad hasta la muerte de cruz, nos salvó y reconcilió todas las cosas con Dios. ¡Qué bueno es Dios! que se hace solidario con nuestro dolor, nuestros sufrimientos y nuestras heridas.Creo que éstos son dos de los grandes mensajes que celebramos este día.

Obra del Pbro. Ricardo Ramos.
El relato de la Pasión según San Juan nos propone contemplar el escándalo del juicio y condena de Jesús. El Evangelista San Juan, un verdadero genio de la Escritura, nos muestra con ironía esta escena donde los romanos visten a Jesús como rey para burlarse de Él, sin saber que en realidad se están burlando del Rey del Universo, Aquél por Quién ellos mismos fueron creados, Aquél a quien deben su existencia. Lo mismo vale para las autoridades judías, que con la excusa de defender la ley de Moisés, condenan a muerte al Nuevo y Verdadero Moisés, al Verdadero Liberador, al que está por encima de toda ley. Es realmente escandaloso para nosotros que lo vemos tan claro; obviamente no lo era para ellos.

Por eso, es aún más admirable la humildad de Jesús, y su obediencia a la Voluntad del Padre, que consistía en ser fiel al Proyecto de Amor del Padre hasta el extremo de dar su vida por nosotros. Hoy, por su fidelidad e infinito amor nos salvó. Este día es el centro de la historia.

Pero dijimos que en esta semana santa acompañaríamos a la comunidad de los discípulos, porque su camino es el camino de nuestra comunidad. Pues bien, para la comunidad de discípulos hoy es el día de la crisis absoluta, la crisis de la fe, del sentido, del desconcierto. Este Jesús al que seguían no resultó ser lo que ellos esperaban, un ser superpoderoso que los libraría de la opresión extranjera y solucionaría todos los males del mundo (convengamos que si su sueño se hubiese cumplido, Jesús habría anulado nuestra libertad, no se hubiese hecho uno de nosotros y no nos habría salvado). Los discípulos aún no habían entendido con profundidad todas las enseñanzas de su Maestro. También nosotros como comunidad muchas veces no entendemos las enseñanzas de Jesús y de su Iglesia, muchas veces nos equivocamos y herimos al hermano, muchas veces tenemos dudas y crisis de fe, que nos llevan a decir ¿dónde está Dios? La Cruz es la crisis por excelencia. Es el acontecimiento más absurdo de la historia: no tiene sentido, matamos al que más nos ama; pero Jesús por su infinito amor y por su resurrección lleno este acontecimiento de sentido, y convirtió un supuesto fracaso en la victoria más arrolladora de la historia por la cual todos fuimos salvados. Gracias a la Cruz, todas nuestras crisis pueden tener un nuevo sentido. Jesús llena de sentido nuestra vida. Si cargamos solos con nuestras crisis, seguramente seremos aplastados por ellas. Si las ponemos en la Cruz, Jesús nos dará la fuerza que nos resucita y levanta de las crisis, y así, cada crisis se convierten, no en un evento negativo, sino en una oportunidad de crecer en la fe y acercarse más a Jesús.

Por esto, en cada crisis, cuando nos preguntemos ¿dónde está Dios?, los invito a mirar la Cruz: Él está ahí, solidarizándose con nuestro dolor, nuestras heridas son sus heridas, pero Él tiene el poder de resucitarlas. 

Y recordemos que en cada sacramento actualizamos ese inmenso gesto de amor de Jesús en la Cruz. En cada sacramento nos encontramos con su amor que nos sana y libera.

Y si decimos que Jesús nos salvó para vivir en comunidad, podemos decir también que la comunidad sana es la que sabe perseverar junto a la Cruz, aunque seamos pocos, aunque seamos los mismos de siempre, porque no es comunidad la que se reúne sólo cuando hay fiesta, sino aquélla que comparte la vida de cada día, con sus alegrías pero también con sus tristezas.

Pidámosle a Jesús que nos ayude a tomar conciencia de que Él nunca nos abandona, que nos ayude a tomar conciencia de su amor que persevera en Cruz, amor perfecto; y a María, nuestra Madre que supo llorar tanto viendo a su Hijo en la Cruz, pero firme en la esperanza en un Dios que nunca falta ni falla, que nos ayude a comprender junto a la Cruz, que Jesús nos salvó para vivir en comunidad. 

Padre Leonardo

jueves, 2 de abril de 2015

Jueves Santo: reflexión sobre la fidelidad de Jesús en Getsemaní.

Reflexión sobre la fidelidad de Jesús en Getsemaní.

Para entender qué significa Getsemaní en la vida de Jesús, tenemos que remitirnos al origen del mundo, a la Creación. Dios es Amor (1 Jn 4, 8), y “el amor no sabe vivir sino comunicándose” (Don Baltasar Pardal Vidal). Por amor, Dios nos creó, y toda la historia es historia de una relación de amor entre Dios y el ser humano; es un largo diálogo de amor entre un ser humano frágil, a quien le cuesta ser fiel, y que suele caer fácilmente; y un Dios que a pesar de las equivocaciones del ser humano se mantiene fiel a toda costa. 

Cuando pensábamos que la fidelidad es imposible, porque “la carne es débil” (Jn 14, 38), Dios, por amor, en Jesús, se hizo hombre y fue igual a nosotros, pero siempre fiel, sin caer. Jesús nos enseñó la verdad sobre este Dios que es Amor, y que nos acepta tal como somos. Lo enseñó con palabras y obras: ayudando, sanando y promoviendo a los que se les acercaban; en especial, a aquellos que habían sido dejados de lado, marginados, los más débiles de su sociedad. Esto fue visto como una “amenaza” al “statu quo” por las autoridades de la época, que por tener paz con el imperio romano habían “transado” con la mediocridad. Después de tres años de actividad, Jesús se les volvió insoportable, ya que cada vez más gente lo seguía; y decidieron matarlo.

Después de celebrar la Última Cena con sus discípulos, en la que nos regaló la Eucaristía, la Misa, la forma de hacerse realmente presente entre nosotros por siempre, se dirigió a Getsemaní para rezar. Pide que tres discípulos más íntimos se queden velando y rezando por Él, pero lo dejan solo.

Jesús vive la angustia de la soledad y del peso de sus opciones. Sabe que seguir adelante siendo fiel a lo vivido le puede costar la vida. Seguramente le costó entender por qué le devolvían tanto odio a una entrega de tanto amor. 

Podría retractarse, huir, ser un buen maestro de la ley, acomodarse al “statu quo”, “transar” con las autoridades. Es la tentación del “está bien”, “ya hiciste mucho bien”, “cumpliste, ahora retírate”, “¿te parece que vale la pena dar la vida por éstos, que no son capaces de entenderte, desde las autoridades hasta tus amigos más íntimos?” “¡No! ¡Salvate vos, y dejá que ellos hagan su camino!” “Podés hacer mucho bien en secreto, sin que te persigan como ahora”. “Pensá un poco en vos”. 

Jesús, representando a toda la humanidad, con toda la historia pesando sobre Él se enfrenta a la disyuntiva, ser fiel hasta el final y que esto le cueste la vida, o renunciar, “irse al mazo”, y “salvar” su vida. Resuena el grito angustiado de Jesús: “Padre, si puedes, que pase de mí este cáliz”, es decir, “si puedes, evitame pasar por tanto dolor”, “pero que no se haga mi voluntad sino la tuya” (Mt 26, 39). Pero inmediatamente entendió que la fidelidad al amor implicaba ir hasta las últimas consecuencias.

Jesús fue fiel hasta el final, gracias a Él se sanó esta historia de amor de la que hablábamos al principio; el ser humano pudo responder a Dios como Él merecía; el ser humano aprendió que es posible ser fiel, con la ayuda de Dios. Gracias a Jesús recuperamos la amistad con Dios, podemos llamarle amigo. Habiendo resucitado, sigue estando vivo entre nosotros, y sigue siendo fiel.   

¿Qué significa en nuestra vida?
Todos vamos a tener “nuestro” Getsemaní, un momento en que nuestra fidelidad a un proyecto de amor será probada por las circunstancias que nos toquen vivir. Seguramente vamos a sentir la tentación de dejar todo, de huir del conflicto, de buscar sólo mi voluntad, mi capricho, mi aparente felicidad sin tener en cuenta al otro. O podemos ser fieles hasta el final a un proyecto de amor construido por dos, y sostenido por el amigo más fiel, Jesús. 

Podemos en esos momentos de prueba, recurrir como Jesús, a nuestros amigos más íntimos, en especial a Uno, que es Él mismo, Jesús, el único que no nos falla, el único que está siempre, el único capaz de comprenderme más que nadie.

Padre Leonardo
padreleonardov.blogspot.com

Jueves Santo: la Última Cena

1ª lectura: Éxodo 12,1-8.11-14; Salmo 116(115),12-13.15-16.17-18; Carta I de San Pablo a los Corintios 11,23-26; Evangelio según San Juan 13,1-15.

Queridos/as hermanos/as:

¡Qué bueno es Dios!, que siendo el Creador del Universo se hizo servidor de todos; que siendo el Omnipotente, eligió hacerse pequeño como un pan.

Celebramos hoy la Cena del Señor, el momento en que Jesús instituye la Eucaristía, y establece una "Alianza Nueva y Eterna".

Esta comida fue celebrada en un contexto de cena pascual judía, cumpliendo con las prescripciones dadas por Moisés, y que leímos en la primera lectura. Esta Pascua judía recuerda el paso de la esclavitud en Egipto a la libertad del Pueblo de Israel, gracias a la acción poderosa de Dios. Celebrando este acontecimiento, todos los judíos peregrinaban al templo de Jerusalén para celebrar la Pascua. Como uno igual a nosotros en todo, menos en el pecado, Jesús también peregrinó, y celebró con los discípulos esta cena, pero cambió completamente el significado de la misma por sus gestos y palabras.

Tanto en los evangelios sinópticos como en el fragmento de la carta a los Corintios que leímos, se nos relata la institución de la Eucaristía, este misterio por el cual el Creador del Universo, el Todopoderoso, por amor a nosotros se hizo pequeño como un pan y un poco de vino. Es un misterio que se resiste a ser comprendido en nuestras categorías racionales. Pero existen algunos elementos que nos ayudan a aproximarnos. Para los judíos, compartir la mesa, la comida, la copa, es compartir la "suerte", no entendida como azar, sino como compartir la vida de cada uno. De ahí el escándalo que produce Jesús cuando come con pecadores: para los judíos, Jesús compartía el pecado de ellos. En la Última Cena, Jesús está anticipando su Pasión. El pan despedazado anuncia su carne despedazada en la Cruz; el vino compartido, anuncia su sangre derramada en la Cruz. Así, esta Cena adquiere un carácter sacramental (gestos y palabras que remiten a una realidad más profunda). En esta Cena, Jesús está compartiendo la entrega de su vida por nuestra salvación, una entrega por amor, que establece una Nueva Alianza, sellada con su propia sangre, una Alianza que no caduca, que es eterna, que aunque nosotros fallemos no se rompe, porque fue lograda con la fidelidad de Jesús. 

Es interesante que el Evangelista San Juan al escribir sobre la Última Cena no escribe la institución de la Eucaristía. Los biblistas aseguran que, como es el último de los evangelios en ser escrito, ya existía una comprensión clara de la institución de la Eucaristía en la comunidad. Por esto, a la multiplicación de panes que narra en el capítulo 6, le añade un discurso sobre el Pan de Vida, que es netamente eucarístico; y en la Última Cena, prefiere narrar el lavatorio de los pies, un acontecimiento que también anticipa la Pasión. Dios, siendo el Todopoderoso, se convierte en el servidor de todos. La Cruz es el máximo servicio que hizo por nosotros. De esta manera, el servicio queda íntimamente unido a la Eucaristía, como para decirnos que ésta es fuente y culmen de la misión, y alejarnos de cualquier intento espiritualista de olvidarnos de nuestros hermanos.

La Pasión de Jesús es una demostración de cuánto nos ama Dios. Con razón el salmista dice "¿Con qué pagaré al Señor todo el bien que me hizo?"  

A este Dios que es tan bueno, vamos a pedirle que nos regale amar la Eucaristía, presencia real de Cristo; y a María, nuestra Madre que nos ayuda, ella que es la servidora del Señor, que nos regale cumplir con el servicio que nos encargó Jesús al decir: "Si yo, que soy el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros". 
Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes."  

Padre Leonardo
padreleonardov.blogspot.com

miércoles, 25 de febrero de 2015

Nuestro lema para este año.

Nuestro lema para este año: “Tú me llamas. Aquí estoy”.

Fundamentación conceptual.

Cada año elegimos un lema que guíe nuestro trabajo en el liceo. Esta elección se realiza en la reunión de profesores de inicio de año. Para ello nos dividimos en grupos, pensamos propuestas y luego, en plenario, las discutimos y optamos por una de ellas.
La elección de este año es “Tú me llamas. Aquí estoy”. Los criterios que utilizamos para elegirlo son los siguientes: que hablase de la vocación, tema que elegimos como orientador para este año; que fuese breve; y que tuviese un tono de diálogo como para repetirlo al inicio de cada jornada.
Es un lema que creemos tiene una amplitud y profundidad que permite trabajarlo a todo nivel. Presentamos un pequeño análisis de sus partes:

Tú me llamas: Cada palabra de este enunciado merece un análisis aparte:

Tú: En este Tú podemos identificar varios sujetos.
a) Dios que nos llama.
b) El hermano que me necesita.
c) El “otro”, es decir, toda persona, el barrio, la sociedad, la humanidad.

me: Es un llamado personal, no a la masa. Como llamado personal tiene en cuenta nuestras especificidades, nuestros defectos y virtudes, nuestras circunstancias sociales, culturales, históricas, etc. El llamado me hace persona, me dignifica, dejo de ser un individuo en la masa, para ser una persona en relación, con una misión.

llamas: La palabra vocación proviene del latín vocatĭo, -ōnis, que significa la acción de llamar. Por esto decimos que la vocación es, antes que nada, la respuesta a un llamado.

Aquí estoy: Esta frase es la respuesta por excelencia al llamado de Dios en la Biblia. Indica disposición, valentía, decisión. También se puede analizar cada palabra.

Aquí: Esta indicación de lugar señala no sólo un lugar físico e histórico, sino que también manifiesta mi “lugar en el mundo”, mi forma de pararme frente a la realidad.

estoy: Tanto en latín como en otros idiomas el estar está relacionado con el ser. Estoy significa, en nuestro lema, no sólo estar en un lugar, ni tampoco sólo estar disponible, sino “soy alguien con quien podés contar”, “si me necesitás, contá conmigo”. 
“Aquí estoy”, es la respuesta a la llamada, sea de Dios, sea de otra persona, y esta respuesta define también quién soy.

Como dije antes, creemos que este lema refleja muy bien la concepción de vocación como llamado y respuesta.
A nivel pastoral se trabajará fuertemente como llamado de Dios, y respuesta libre del ser humano, y la misión de estar atentos a las llamadas de nuestros hermanos. A nivel institucional, se le agrega el deseo de seguir construyendo comunidad, de estar atentos a las necesidades de los demás, de ser solidarios.
Para finalizar, la respuesta al llamado llena de sentido la vida, la vuelve valiosa. Éste es otro de los mensajes fuertes que deseamos trabajar este año.

lunes, 23 de febrero de 2015

Fundamentación conceptual sobre el tema de este año: la vocación.


Durante el año pasado tuvimos contacto con realidades de pérdida del valor de la vida, desde situaciones de violencia del entorno barrial, hasta el intento de autoeliminación, o de llamado de atención de adolescentes. Como institución educativa cristiana, creemos que debemos ayudar a nuestros alumnos  a ver la vida como un regalo de Dios. Por este motivo, decidimos trabajar fuertemente el valor de la vida, ver la vida como un llamado de Dios, como una vocación.
Además, el Papa Francisco resolvió que este año 2015 sea dedicado a la vida consagrada. Vemos en este hecho una coincidencia para trabajar sobre nuestra vocación, en el entendido que una vez descubierta, ella llena de sentido nuestra vida. Esto no significaría un corte abrupto con lo trabajado en el 2014, es decir, con el objetivo de construir comunidad en base al lema “Somos muchos, somos Uno”, ya que, una dimensión de nuestra vocación es el llamado a vivir en comunidad.
            Creemos que la vocación surge del diálogo entre Dios y la persona[1]. Dios llama y esta llamada espera una respuesta de la persona. Por eso decimos que es un misterio[2] de encuentro, y como tal, se resiste a ser agotado en su significado, por eso no podemos más que aproximarnos a él diciendo algunas características.
 “La Vocación es la Voluntad de Dios Padre que, en Cristo, se manifiesta por el Espíritu Santo como llamado y espera una respuesta libre y responsable de quien lo recibe”[3].

            La Voluntad de Dios es “el sueño” que Dios Padre tiene para el ser humano, que no es otra cosa que la salvación y por tanto la felicidad[4]. Esta Voluntad es común a todos, es decir, universal[5]. Pero se revela y realiza en cada persona de forma distinta, y por esto es personal[6]. Además es integral porque implica todas las dimensiones de la persona. “Abarca toda la historia personal, da una visión global de uno mismo y permite una respuesta total por la que se vive y hasta se muere”[7].  Se revela en Cristo, y “se manifiesta por el Espíritu Santo, y gracias a Él es posible conocerla y discernirla”[8].
“Dios Padre sale de sí, por así decirlo, para llamarnos a participar de su vida y de su gloria…” DA 129.
La vocación es un don[9] gratuito, un regalo de su infinito Amor; no hemos hecho nada para merecerlo[10]. “Dios llama a quién quiere, cuando quiere, como quiere, aún cuando quien lo escucha se sienta indigno”[11].
Es un llamado a la humanidad entera, para “ser hijos en el Hijo”, para nuestra salvación, es decir, para entrar en íntima comunión con Él y ser felices; en otras palabras, es la vocación universal a la santidad[12].
El llamado personal “es permanente, porque engloba la totalidad de la vida y es para siempre”[13].  Es dinámico y situacional, porque es “encarnado”, es decir, tiene en cuenta las necesidades del mundo y la evolución de la persona; de esto también se deduce la necesidad de la formación permanente de nuestra vocación. Es carismático porque tiene en cuenta los talentos, capacidades, así como también las debilidades de la persona. Es concreto, invita a actuar, a transformar la realidad (en contra de los abstractos como “buscar la paz mundial” o “amar a la humanidad”).
Es un llamado del Espíritu Santo a la conciencia personal y espera una respuesta de la persona que le da a ésta identidad y sentido de vida. Esta respuesta debe ser libre y responsable, hacia Dios, hacia uno mismo y hacia los demás.
Se discierne a través de signos que pueden ser ordinarios o extraordinarios. Dentro de los signos ordinarios encontramos la recta intención, la voluntad libre y la idoneidad humano-afectiva, intelectual, espiritual y pastoral[14].
La vocación posee tres dimensiones: la humana, a ser persona; la cristiana o bautismal, a ser discípulo, y la eclesial, que define la opción permanente de vida. Se manifiesta como un único llamado que se puede vivir en tres opciones permanentes de vida: la sacerdotal, la religiosa y la laical[15], insistiendo en la llamada universal de los fieles a ser santos en la Iglesia.           El Vaticano II subrayó el llamado universal de los fieles a la santidad[16] recibido en el Bautismo. Las vocaciones específicas “canalizan” la respuesta a este llamado, a favor de los fieles y la Iglesia entera.[17]
           
“La Iglesia, que por propia naturaleza es “vocación”, es generadora y educadora de vocaciones. Lo es en su ser de “sacramento”, en cuanto “signo” e “instrumento” en el que resuena y se cumple la vocación de todo cristiano; y lo es en su actuar, o sea, en el desarrollo de su ministerio de anuncio de la Palabra, de celebración de los sacramentos, y de servicio y testimonio de la caridad”[18].
“La Iglesia, en lo más íntimo de su ser, tiene una dimensión vocacional, implícita ya en su significado etimológico: “asamblea convocada” por Dios. La vida cristiana participa también de esta misma dimensión vocacional que caracteriza a la Iglesia. En el alma de cada cristiano resuena siempre de nuevo aquel “sígueme” de Jesús a los apóstoles, que cambió para siempre sus vidas (cf. Mt 4,19).”[19]

            En síntesis:

- Toda persona recibe una vocación.
- La vocación tiene una dimensión universal (para todos): somos llamados a la existencia para amar y ser felices en plena comunión con Dios y nuestros hermanos. Aquí encontramos nuestra vocación a construir y vivir en comunidad.
- La vocación tiene una dimensión personal (individual): la vocación universal se concretiza en una persona concreta, con defectos y virtudes, con características espacio-temporales, socioeconómicas y culturales, carismáticas.
- La vocación responde al ideal de uno mismo, es decir, a llegar a ser la mejor persona que podemos ser, no que “pensamos” que podemos ser.
- Esta vocación, una vez descubierta y apropiada por la persona, le da identidad y sentido a la vida.
- La vocación exige esfuerzo y fidelidad, porque su meta es la plena felicidad de la persona. Exige dejar de lado otras propuestas de satisfacción a corto plazo, pero que llevan a la frustración de la persona.
Por estos motivos, consideramos de fundamental importancia orientar a nuestros adolescentes a descubrir su vocación, y ayudarlos a desarrollar sus capacidades para llegar a ser las mejores personas que pueden ser.



[1] cf. Beato Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Postsinodal “Pastores Dabo Vobis” (a partir de ahora PDV), Vaticano, 25 de marzo de 1992,  36.
[2] PDV 38
[3] Silva, Carlos, Vocación: Don, identidad y misión, Montevideo, 2008, pág. 7.
[4] cf. 1 Tim 2,4.
[5] cf. V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, Documento Conclusivo (a partir de ahora DA), CELAM, Bogotá, Colombia, agosto de 2007,  276. “…Con perseverante paciencia y sabiduría Jesús invitó a todos a su seguimiento. A quienes aceptaron seguirlo, los introdujo en el misterio del Reino de Dios, y después de su muerte y resurrección, los envió a predicar la Buena Nueva en la fuerza de su Espíritu”. cf. también Mt 11, 28 y Mt 22, 9-10.
[6] cf. Benedicto XVI, Exhortación Apostólica Postsinodal “Verbum Domini” (a partir de ahora VD), Vaticano, setiembre de 2010,  77.
[7] Silva, Carlos, Vocación: Don, identidad y misión, o.c., pág. 7.
[8] Ídem.
[9] cf. DA 111. “La propia vocación, la propia libertad, y la propia originalidad son dones de Dios para la plenitud y el servicio del mundo”; también  PDV 35.
[10] cf. Mc 3,13; Jn 15, 16, PDV 35.
[11] Silva, Carlos, Vocación: Don, identidad y misión, o. c., pág. 7.
[12] cf. PDV 19.
[13] Silva, Carlos, Vocación: Don, identidad y misión, o. c., pág. 8.
[14] Pablo VI, Decreto sobre la formación sacerdotal “Optatam Totius” (a partir de ahora OT), Vaticano, 28 de octubre de 1965,  6.
[15] LG 30 DA 446c vs CIC 207
[16] PDV19
[17] cf. LG 39-42; PDV 35.
[18] PDV 35
[19] Benedicto XVI, Mensaje al II Congreso Continental Latinoamericano de Vocaciones, Vaticano, 21 de enero de 2011.

miércoles, 18 de febrero de 2015

Miércoles de ceniza. Comenzamos la Cuaresma.

Queridos/as hermanos/as:

¡Qué bueno es Dios!, que nos regala un tiempo propicio para la reconciliación.

Comenzamos hoy el tiempo de Cuaresma, estos cuarenta días de preparación antes de la Pascua, un tiempo propicio para revisar nuestra vida y buscar la reconciliación con Dios y nuestros hermanos. Es un tiempo de preparación, de reflexión y de aprendizaje. La Iglesia nos ofrece no sólo la escucha de la Palabra de Dios, sino también tres gestos concretos, que nos ayuden a externalizar nuestro proceso: el ayuno, la limosna y la oración. Como leímos en el Evangelio, son los tres gestos de los que habla Jesús; pero también escuchamos de Él la recomendación de que estos gestos sean para ofrecércelos a Dios, y no para que los demás digan "¡qué santo es!". Nuestro Padre, que ve en lo secreto conoce nuestras intenciones, y como dice el libro de Joel, quiere que cambiemos el corazón y no las vestiduras.

Es un tiempo para identificar aquellas prácticas que van en contra del Proyecto de Dios (la felicidad plena o salvación), es decir, para descubrir el pecado en nuestra vida. El pecado es aquello que hacemos intencionalmente, con plena conciencia, de que estamos rompiendo nuestra relación con Dios, con nuestros hermanos, con la Creación o con nosotros mismos. Como ya dije, si bien el pecado muchas veces nos reporta pequeñas gratificaciones inmediatas, nos aleja de la verdadera felicidad, y nos paraliza en el camino de conseguirla. Hacer un examen de conciencia, y reflexionar sobre nuestro pecado, lejos de ser una práctica masoquista, es ya el inicio de la sanación, ya que, identificar nuestros problemas es ya "medio camino" para la sanación. Una vez identificados, pedimos perdón por ellos, tratamos de identificar qué cosas están "en la raíz"y nos llevan al pecado, y pedimos la gracia necesaria para sanar y no volver a caer en ellos. Aún, esto no alcanza.

La naturaleza humana pide signos concretos y visibles del perdón. Nuestro Dios, conociéndonos a fondo, en su infinito amor, y de acuerdo a la pedagogía de la Encarnación, nos dejó en la Iglesia signos concretos y visibles de su amor y perdón: los sacramentos. El sacramento de la Reconciliación responde a nuestra necesidad y a la pedagogía de Dios. Además, no existe pecado que no dañe a la comunidad, ya que, por el Bautismo, formamos un Cuerpo. La frase "yo le confieso mis pecados solo a Dios", refleja una actitud que no nos sana, sino que al contrario, muchas veces se convierte en "una vía libre" para seguir haciendo aquello que rompe nuestra relación con Dios, lastima a la comunidad y nos aleja de la felicidad. También se dice no querer confesar los pecados a un hombre tan pecador como uno; pero es Dios, el que, teniendo en cuenta nuestra naturaleza y por la pedagogía de la Encarnación estableció el Sacerdocio, para que, hombres comunes y pecadores actúen en la Persona de Cristo. Es la Persona de Cristo quien escucha nuestra confesión y nos otorga el perdón, a través de la voz humana y concreta del hombre sacerdote, y por el Sacramento de la Reconciliación, actualizamos en nosotros los efectos de la Cruz, es decir, de ese amor hasta el extremo de Jesús que reconcilió todas las cosas consigo.

La Cuaresma es, en palabras de San Pablo, un tiempo favorable, para "dejarnos reconciliar con Dios", Él que, en palabras de Joel, "es bondadoso y compasivo, lento para la ira y rico en fidelidad".

A este Dios que es tan bueno, vamos a pedirle que nos regale la gracia necesaria para buscar la reconciliación; y a María, nuestra Madre que nos ayuda, le vamos a pedir que tengamos un corazón atento a la Palabra del Señor, la única Palabra que sana y salva.

Padre Leonardo